Buenas Noches, Buena Suerte
November 19th, 2007Al analizar ésta película se pueden notar diversos aspectos que, a lo largo de la trama, nos muestran ciertas similitudes entre lo que vivió Edward Murrow en la década de los 50s y lo que acontece en un mundo globalizado como en el que vivimos actualmente. Tanto él como nosotros somos testigos de cómo en los medios existe una especie de “alergia” hacia las noticias desagradables. Las evidencias siempre han estado allí pero muchas veces se opta por la opción más simple, escapar de la realidad. No importa la época. Solo sirve escapar, nada más. Han transcurrido cincuenta años y todo sigue igual. Una televisión que tan solo está dirigida para distraer y divertir pero que en realidad nos engaña y nos aísla. Hechos que a pesar del tiempo no cambian. Se afianzan aún más y muy pocos son los que se atreven a desafiarlos. Uno de ellos, fue el protagonista de ésta historia. Un periodista que supo distinguir entre su labor informativa y la presión que ésta podría ocasionarle. Para él, la misión de la televisión rebasaba los límites de la diversión y del entretenimiento. Por este motivo, se centró en casos que tenían mayor relación con la política y la denuncia social. Uno de estos fue el de Milo Radulovich y su injusto alejamiento de la Fuerza Aérea estadounidense. Es aquí, cuando decide dejar de lado cualquier tipo de temor ante futuras represalias y sigue para adelante en sus investigaciones. Se mantuvo en el mismo estilo que lo caracterizó siempre y no se dejo avasallar ante los problemas que se pudieran suscitar en adelante. A pesar de las discrepancias que tenía con Bill Paley, el dueño de la CBS, y de la posible pérdida de su auspiciador, Murrow y su productor Fred Friendly deciden desenmascarar al senador McCarthy. Un acto valiente pero que estaba cimentado por una serie de argumentos irrefutables. Cada palabra dicha por Murrow era una verdadera lección de profesionalismo y veracidad que tuvo como corolario gratos comentarios de la prensa escrita estadounidense de ese tiempo. La polémica siguió encendida y no había nada que la pudiera detener. La defensa de McCarthy no tardó en llegar pero una vez más Murrow salió ileso de los ataques que éste le infringió. En una muestra de su calidad, desbarató cada una de las acusaciones que le habían sido imputadas teniendo como premisa el buscar la verdad y reportarla. Finalmente, el Senado decide investigar a McCarthy y todo el esfuerzo del equipo de Murrow se ve recompensado, sin embargo, sucede un hecho que produce un efecto que se ha mantenido vigente hasta nuestros días. La gente prefiere la diversión en vez de los temas civiles o políticos. Hoy en día, el periodismo ha pasado a ser corporativo, de estrellas. Las empresas velan por el dinero de sus accionistas y olvidan su responsabilidad pública y democrática. Los empresarios prefieren programas que cuesten poco y que produzcan una buena aceptación en la audiencia. No obstante, como lo mencionó Murrow en su famoso discurso de 1958 ante los directores informativos, se debe resaltar la importancia de las ideas y de la información como base de la televisión. De esta forma, ésta podrá llegar a ser el instrumento que nos pueda enseñar, esclarecer e inspirar. En caso contrario, será una simple caja con cables y luces que tan solo vive del rating y de los intereses económicos. En resumen, la elección de los programas que se transmiten en la televisión no depende únicamente de la influencia de los medios de comunicación. El error al momento de elegir deviene del gusto de las personas que están detrás de la pantalla. Allí está el problema. Unas palabras que resumirían las últimas líneas serían las palabras que Casio le dijo a Bruto en el “Cesar” de William Shakespeare: “La culpa, Bruto, no está en las estrellas…sino en nosotros mismos”.