La universalidad: razón de ser de la educación
July 6th, 2007Millones de alumnos, cuadernos bajo el brazo, acudimos a las aulas universitarias a aprender algo. Sabemos que de nuestra estancia allí depende nuestro futuro. Para algunos es una misión familiar (cuando eres el único en tener el privilegio de la educación), para otros una posibilidad de estrechar lazos sociales. Sea cual fuere la motivación, esta institución guarda una razón de ser objetiva, independiente del ánimo del estudiante de turno y sus ganas de estudiar.
El vocablo ‘universidad’ proviene del latín universitas, que, a su vez, es la unión de unus (uno) y verto (convertido o girado). Es decir, “convertido en uno”, agrupado con un fin común, más que con la suma de misiones individuales. Ahora, en base a sus raíces comunes, se le relaciona con los términos ‘universo’ y ‘universal’. En resumen, una universalidad de cosas o materias diferentes, pero con una unidad o visión común. Por ello, las primeras universidades de
la Edad Media (Bolonia, Cambridge, Oxford, Padua y París) fueron llamadas Universitas Magistrorum et Scholarium (Asociación de Maestros y Alumnos). ¿Y cuál es el fin de está institución tan fácilmente hallada en boca de todos?
Reflexiona sobre la importancia de conjugar nuestros esfuerzos personales a una causa mayor, carente de todo afán lucrativo y de vital consecuencia si se cumple a cabalidad. Una de las razones de ser de una casa de estudios superiores estriba en la generación de una consciencia crítica. Una capacidad finísima de aplicar lo aprendido en clase al análisis de la realidad de estos tiempos, tan compleja por cierto. O, expresado con otras palabras, la facultad de alegrarse al ser corregido y al criticar, con optimismo y argumentos, los errores sociales. “Donde todos piensan igual nadie piensa mucho”, dijo el periodista estadounidense Walter Lippman. A generar las propias ideas.
Otra función de esta organización, tal vez sublimada con mayor énfasis por los teóricos del tema, es la producción del conocimiento. ¡Qué importante es pasar por las aulas universitarias habiendo aportado un grano de arena a “ese creciente cuerpo de ideas llamado ciencia” (Mario Bunge)! La idea de la universidad, más allá del fin particular, pasa por exigir a sus miembros renovar las ideas comprobables y no solamente recibir y dar aquello que muchos, con infinito esfuerzo, tardaron años, hasta vidas enteras, en producir: ideas.
Para redondear lo expuesto, este tipo de educación (más allá de las deficiencias en la escuela primaria o secundaria) debe darnos un remezón. Darnos formación más que información. Esto se logra ubicando como principal prioridad la generación de pensamientos y la actitud crítica. De esta forma se cumple la misión etimológica que dio inicio a esta aventura. ¿Cuál? La de poblar el mundo con instrumentos creados por el hombre, artificiales, inexistentes en la realidad. Es un fascinante escenario que ahora es nuestro reto.
Respondamos con responsabilidad y consciencia. Ser indiferentes ante nuestras propias expectativas es renunciar a saber hasta dónde llegamos. Un universitario es quien construye el mundo, que es feliz sabiéndose aprendiz. Que prende una vela a la esperanza y se llena de valor para cambiar aquello que critica. ¿Estás dispuesto a hacerlo?